Reencarnación o Resurrección


(Tomado de un sermón Radial para semana santa).

Hoy domingo concluimos con lo que la Cristiandad ha llamado "la semana santa" o semana de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Durante "estos siete días, nuestras iglesias han recordado los acontecimientos acaecidos ya casi dos mil años, relativos a la obra culminante de Jesucristo al morir en la cruz a favor de toda la humanidad, y que concluyen con su resurrección y exaltación al cielo.

Durante esta semana le hemos aclarado a muchas personas la posición evangélica en relación con aquellos acontecimientos reales, y les hemos enseñado, a la luz de las enseñanzas del mismo Cristo y de sus apóstoles, que Jesucristo murió una sola vez por el pecado de toda la humanidad, que resucitó una sola vez para nuestra justificación y que, a partir de su ascensión al cielo, se sentó definitivamente, de una vez y para siempre, a la diestra Dios Padre asumiendo toda autoridad y domino, señorío en todo el Universo y muy especialmente aquí en la Tierra.

Hemos enseñado que el verdadero cristiano recuerda estos días con gozo y alegría en su corazón. De modo que está fuera de orden el adoptar actitudes de sobrecogimiento, tristeza, demudación de rostro, y el practicar ciertas ceremonias especiales para aparentar una religiosidad, que durante el resto del año está ausente de la persona. ¿Por qué razón? Porque el mismo Jesús, momentos antes de su verdadera pasión y muerte, alentó a sus discípulos a que no se turbaran en su corazón, y les anunció que después de su muerte y resurrección iban a experimentar un gozo y alegría que no se alteraría por nada, por nadie, ni por el tiempo, ni por circunstancias, ya que Él mismo en persona, junto con su Padre y la persona del Espíritu Santo vendrían a morar al corazón de sus seguidores de tal forma que Él sería una realidad viviente en la vida de cada hijo suyo.

Esto significa que, al cabo de casi dos mil años, se hace crucificar nuevamente a Jesús cuando se somete al pueblo a una tristeza y sufrimiento que Jesucristo llevó en la cruz.  Promover la tristeza y la angustia es desviar al pueblo del fundamento bíblico; es vestir a la gente de una aparente religiosidad que ni se siente ni se padece. Luego, al fin dla semana llamasa "santa", esa misma gente se despoja, por el resto del año, de ese manto hipócrita de religiosidad para seguir la vida de pecado, de injusticia que caracteriza a un pueblo que de labios honra a Cristo y que con sus hechos lo niega.

Sin embargo, a pesar de todas las supersticiones y prácticas ajenas al espíritu del Evangelio, sí hay una realidad y es que Jesús vino a este mundo, que murió en la cruz que derramó su sangre para la limpieza del pecado y que resucitó con poder y gloria.

Hoy domingo es llamado domingo de resurrección, no por el hecho de que hoy Jesucristo resucite una vez más, sino por el hecho de que un día como hoy Jesús se levantó de la tumba, dejándola vacía, para ascender a los cielos, cuarenta días más tarde, con un cuerpo glorificado. Ahora bien, lo más importante de todo está en la pregunta: ¿Qué significó la resurrección de Jesucristo?. Entre las variadas respuestas que pudieran darse quiero responder con algunas de mucha importancia:

1o. La resurrección de Jesús significó que toda su vida de ejemplo, que todas sus enseñanzas relativas a la condición y destino del hombre son una realidad superior a las enseñanzas de aquellos líderes religiosos y filósofos a los cuales muchos tienen por grandes. Buda creó una filosofía de vida y sobre sus enseñanzas sus seguidores le dieron forma a la religión Budista, pero con el respeto tanto de Buda como el de sus seguidores queremos decir que Buda murió y no resucitó. Mahoma, fundador del Islamismo, y al cual siguen millones de musulmanes, murió y jamás resucitó. Confucio, el gran filósofo chino creó un sistema filosófico que en la actualidad millones lo adoptan como su religión oficial, pero él murió y no resucitó. Krisna, al cual algunos catalogan de ser uno de los siete maestros universales, junto con el conde Saint Germán, y otros, murieron y no resucitaron. Se vuelve interminable la lista de personas a los cuales las gentes veneran y les rinden culto a pesar de que sus tumbas contienen sus restos mortales. Los seguidores de tales líderes religiosos se convierten en seguidores de gentes muertas y sin ninguna esperanza concreta y real.

Sin embargo cuando pensamos en Cristo, no pensamos en Él como el fundador de una religión, sino que pensamos en el Dios hecho carne para redimir a la humanidad y en aquél que es el mismo ayer, hoy y siempre.

Cuando pensamos en Jesucristo, no solamente pensamos en un filósofo que trazó una forma de vida, aunque realmente la trazó, sino que pensamos en el Cristo que vive y reina hoy y
siempre, en el Cristo que todavía transforma vidas, en el Cristo que trae paz y felicidad al corazón, en el Cristo al que, cuando se le da entrada en los hogares, todo cambia, y en el Cristo que es capaz de cambiar tu vida también si eres capaz de reconocerle como tu salvador y Señor.

2o. La resurrección de Jesús significa que el sacrificio hecho en la cruz por toda la humanidad, fue un sacrificio con toda la vitalidad expiatoria, y que su sangre vertida en la cruz ejerce, a través de los siglos, todo el poder redentor santificador para perdón de pecados y salvación del alma.

Esto significa que si Jesucristo no hubiera resucitado, el cristianismo fuera un sistema filosófico religioso igual que otro cualquiera, sin poder transformador y nosotros los cristianos fuéramos también adoradores y seguidores de un muerto. “Más, ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos y vive por los siglos de los siglos”.

En tercer lugar: la resurrección de Jesucristo significa que la doctrina de la "reencarnación", sustentada por las religiones orientales y reavivadas en la actulidad por los líderes del movimiento de la Nueva Era, es una de las mentiras más promovida por Satanás. Precisamente él sabe que el negar la realidad de la verdad cristiana basada precisamente en este hecho grandioso, es asestar un golpe que pretende ser mortal, contra la fe cristiana. Él sabe que si logra convencer a las gentes de que Jesús no resucitó, entonces podria mostrar que la obra redentora de Cristo no tiene valor ni poder alguno. Con esto, despojaría al ser humano de toda posibilidad de salvación, y haría ineficaz la única forma establecida por Dios para la salvación del hombre.

La Biblia y el Cristianismo se oponen a la doctrina de la reencarnación. Se oponen, porque esa falsa doctrina provee al hombre de falsas esperanzas de perfección, basadas en esfuerzo propio, y no basada en la fe en las promesas salvadoras de Jesús.

No hay reconciliación entre resurrección y reencarnación. Son dos doctrinas que se oponen y se excluyen mutuamente y si Cristo no enseñó la reencarnación, busque usted mismo la fuente funesta de esa enseñanza.

En cuarto lugar, la resurrección de Jesús significa que hay una esperanza gloriosa y maravillosa para todos aquellos que han partido de este mundo con su fe colocada en Jesucristo, el autor de la Vida. El mismo apóstol Pablo nos habla: “El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompera de Dios, descenderá del cielo. Entonces, los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego, nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tes. 4:16-17).

Este cuerpo sujeto a muerte no verá más muerte, este cuerpo sujeto a la corrupción será levantado incorruptible, este cuerpo que ahora no puede heredar el reino de Dios por su condición pecaminosa, será transformado y glorificado para que pueda vivir eternamente con Jesús.

Yo te pregunto, amigo mío ¿en qué o en quién tienes puesta tu esperanza: en un filósofo muerto, en un líder religioso muerto? Yo te brindo al Cristo vivo quien dijo: "YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA, EL QUE CREE EN MI AUNQUE ESTÉ MUERTO VIVIRÁ"

Luis E. Llanes. Ministerio Luz y Verdad. Puerto Madryn, Chubut, Rep. Argentina. Editado por Alba Llanes (EDICI: Rancho Cucamonga, California, EE.UU).

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