Secta, palabra clave.

A principios de habernos mudado para la ciudad de San Rafael de Mendo­za, en carácter de misioneros de la U.A.D, en el barrio donde fuimos a radicamos y en el transcurso de nuestra labor misionera, las gentes nos preguntaban: "Y ustedes, ¿a qué secta pertenecen?" Nosotros, en actitud defensiva y como sabiendo bien todas las implicaciones actuales de ese calificativo, sin­tiéndonos realmente un poquito incómodos pero a la vez mostrando la pa­ciencia necesaria, tratábamos de explicar que no pertenecíamos a ninguna "secta", sino que éramos cristianos evangélicos que habíamos ve­nido de un país lejano para predicarles el mensaje de Jesucristo.


Tiempo más tarde, nuestro hijo mayor se acercó a la Municipalidad con el propósito de solicitar trabajo, y en la entrevista, como es natural, se identificó como cristiano. Ante su respuesta, los funcionarios le preguntaron sí esa era una de las tantas ”sectas” que abundan aquí en Argentina.

Si vemos la televisión, si oímos la radio, notamos que el tema de las "sectas" es hartamente explotado por los periodistas, que resaltan todos los hechos aberrantes y delictivos que muchas de ellas han cometido y cometen. En nuestros diarios y revistas cristianos aparecen con suma frecuencia artículos o serie de artículos sobre las llamadas "sectas".



Damos explicaciones exhaustivas y ponemos de relieve la naturaleza ética y espiritual de esos grupos, cuáles son sus actividades y doctrinas. Simultáneamente, resaltamos la labor misionera, ética, social y benefactora de nuestras iglesias evangélicas, haciendo un marcado contraste con esos grupos seudo-religiosos que tratan de opacar la verdadera naturaleza de la labor gloriosa de la Iglesia de Jesucristo.Tal parece que ese espíritu defensivo nos ha invadido a todos y que esta "palabrita", bien manipulada en las manos de Satanás nos está dando qué sentir y en qué preocuparnos.

La primera aplicación del calificativo "secta", al cristianismo, fue en aquella oportunidad cuando el Apóstol Pablo tuvo que presentar su defensa ante Félix, gobernador de Judea. Aquel orador sobornado llamado Tértulo, con un tono amenazante y en actitud acusadora, calificó a Pablo de "cabecilla de la secta de los nazarenos”. Junto con esta declaración, hizo una descripción exhaustiva y mentirosa de supuestas actividades nocivas que tanto su cabecilla como la "secta" llevaban a cabo: "promotor de sediciones por todo el mundo y profanador de templos”.

Más tarde, cuando Pablo, preso, esaba pasando sus últimos tiempos en aquella casa de alquiler, en Roma,  vinieron a él algunos de los principales Judíos para indagar acerca de su caso y ellos le dijeron: "porque de esta "secta" nos es notorio que en todas partes se habla contra ella" (Hechos 28:22).

Ahora bien, ¿quiénes estaban detrás de aquella infame calumnia? ¿Por qué Tértulo utiliza la palabra "secta" para calificar aquel movimiento naciente que estaba destinado a invadir al mundo con su doctrina? No tenemos que ser muy sabios para notar que detrás de toda esa campaña difamatoria, y utilizando su influencia dentro de los círculos políticos y gubernamentales, estaba la alta jerarquía del Judaísmo, compuestos por Saduceos y Fariseos. Tanto el Judaísmo, como toda la amalgama de cultos paganos que constituían la religión oficial del Estado, eran reconocidos por la Roma Imperial y tenían plenas garantías para su funcionamiento.



El nuevo movimiento que surgía fuerte y vigoroso, parecía atentar contra los intereses económicos, religiosos y políticos ya establecidos. Por otra parte, el cristianismo atentaba contra el culto judaizante y contra el culto romano, por lo que era incompatible con ambos. Era necesario, por tanto, detenerlo en su avance. El identificar al cristianismo con una "secta" no reconocida y fuera de la ley, imputándole cargos de supuesta corrupción, era un arma en sus manos que les serviría para ponerlos a mal con las autoridades políticas que en realidad eran los que tenían el poder legal para exterminar "esa plaga" (Hechos 24:5). Hicieron tal campaña contra esa nueva "secta" que lograron dos objetivos: "que por todas partes se hablara contra ella" (28:2) logrando infundir temor a las gentes para que no aceptasen el cristianismo, y que la autoridades represivas actuaran contra ella.

¿Cuál fue, la actitud de Pablo ante tales circunstancias? En primer lugar, él sabia positivamente que todas aquellas pruebas, aquella oposición y aquellos sufrimientos no era otra cosa que evidencias de la autenticidad del mensaje que predicaba y una confirmación de su vocación misionera (Hechos 9:15-16). Él supo aprovechar aún estas circunstancias humanamente negativas para testificar a "gentiles, reyes y judíos" (9:15), teniendo conciencia de que estas eran formas dentro del plan variado de Dios para dar a conocer el mensaje a "a toda criatura". Nunca se amilanó, nunca hubo vestigios de preocupación por los subterfugios, ardides y calumnias de los enemigos. Él sabía que la obra era de Dios, que Él cuidaba y se preocupaba de vindicar Su causa y que "las puertas del infierno no prevalecerían contra ella".

En diferentes épocas, Satanás ha tenido ciertas palabras claves que los enemigos del evangelio han utilizado y manipulado con habilidad para desacreditar la labor benefactora de la verdadera Iglesia de Jesucristo, impedir que el Evangelio resplandezca, y las gentes conozcan al Dios vivo. Veamos algunos ejemplos:

LA PALABRA "CRISTIANO". En su sentido más sublime, esta palabra significa un seguidor de Cristo. Identifica a la Iglesia con su Líder y Cabeza. Sin embargo, el diablo utilizó la palabra "cristiano", durante los tiempos de algunos emperadores romanos, para promover todo tipo de persecución, torturas y muertes a aquellos que así se designasen. Aunque para los cristianos de aquellos tiempos el llamarse “cristiano" y morir por su Cristo les era verdaderamente un privilegio y una gloria digna de experimentar, ellos tuvieron que sufrir las consecuencias de la manipulación infame de ese calificativo de parte de los dirigentes político-religiosos del imperio, que la utilizaba como un medio para detener y exterminar la obra de Díos a través de su Iglesia.

Halley, en su Comentarlo Manual de la Biblia, cita al historiador Tácito de la siguiente manera "Por lo tanto, Nerón, para acallar el rumor acusó de criminales y castigó con exquisitas torturas a aquellas personas, abominables por sus prácticas a quienes el pueblo llama cristianos. Cristo, el autor de tal nombre fue castigado por el procurador Poncio Pilatos en el reinado de Tiberio y la fatal superstición reprimida en aquél tiempo, estalló nuevamente, no solo en Judea, sede original de aquél mal, sino en toda la ciudad de Roma la cual desde tolas sus partes fluyen y tienen boga cosas horrendas y vergonzosas". Efectivamente, desde Nerón (64 D.C.) hasta Diocleciano (284-305) pasando por los mas "insignes" emperadores romanos, las más cruentas persecuciones y refinadas torturas eran aplicadas a aquellos que se califica­ban de cristianos" de tal forma que esa palabra, en aquel tiempo, llegó a ser símbolo de ateísmo , corrupción, inmoralidad, tortura y muerte».

Suavemente, detrás de toda esa manipulación irracional, estaban los mismos enemigos de siempre, las autoridades político-religiosas que, reaccionando contra los supuestos enemigos de sus intereses, buscaron por todas las formas acallar la voz del testimonio cristiano, eliminando físicamente a los que se manifestaban y daban testimonio de su fe cristiana. ¿Cuál fue la actitud de aquellos cristianos? Primeramente, "ellos sabían en quién habían creído" y, segundo, estaban concientes del precio que tenían que pagar por mantenerse fieles al Señor.

— ¿Eres tú un cristiano? , preguntaba el soldado romano.
— Sí, lo soy - contestaba el cristiano sin titubeos ni rodeos.
— ¿Te retractas de ser cristiano para reconocer a César como Señor y rendir culto a nuestros dioses?, - volvía a preguntar de nuevo el soldado.
— Yo solo tengo un Dios y un Señor, Jesucristo.

Y allí, en ese mismo lugar donde testificara, dejaba sellado con su sangre su vocación y fidelidad. Miles fueron los testimonios en aquella época que por llamarse "cristianos" ofrendaron sus vidas sobre el altar del sacrificio del martirio, ya en las calles, ya en el circo romano.



Por último, ellos eran concientes de su labor y de la obra benefactora que producía el evangelio en la vida del hombre. Ellos lo habían experimentado así por lo cual ese situación no presentaba para ellos ninguna opción, ninguna alteración de sus convicciones. Precisamente, ese evangelio sin opción, exclusivo, fue socavando los cimientos de un Imperio poderoso y “omnipotente" hasta hacer que el Dagón imperial cayera de bruces, hecho pedazos, ante el arca del testimonio de la Iglesia. Por fin, para suerte o desgracia, la palabra "cristiano" dejó de ser un estigma para convertirse en un titulo de privilegio. Otra vez quedó demostrado que las puerta del infierno no prevalecieron contra los CRISTIANOS.

LA PALABBA "HEREJE". El tiempo pasó, la posición de la Iglesia cambió. El cristianismo llegó a ser la religión oficial del Estado. Reconocida, considerada, manipulada, la Iglesia gozó de ciertas libertades y ventajas que aunque mal aprovechadas fueron la causa para su expansión e influencia. Si bien, la táctica de agresión directa había fallado a tal magnitud que la Iglesia habla invadido al Imperio, ahora con una táctica más sutil Satanás se disponía a la conquista de la Iglesia por medio del Imperio. Fue, precisamente, en ese proceso que la palabra "cristiano” comenzó a perder su verdadero sentido. A medida que la Iglesia iba siendo invadida por el paganismo imperial, y sus líderes por las ansias de poder político y riquezas, también iba deformando sus doctrinas y relajando sus normas de vida. En medio de la situación sumamente caótica, aberrante y desesperante parecían resonar las palabras de Cristo: "Salid de en medio de ella, pueblo mío, para que no seáis participantes de sus pecados» ni recibáis parte de sus plagas porque sus pecados han llegado hasta el cielo y Dios se ha acorda­do de sus maldades..." (Apocalipsis l8:4-5).

A medida que la Iglesia apóstata se iba alejando más y más del fundamento apostólico y sumiéndose en la más densa de las confusiones paganas, el verdadero pueblo de Dios, la verdadera Iglesia, reaccionaba contra el pecado, contra la falsedad, contra la corrupción de la Iglesia profesante y reconocida. Ahora los verdaderos cristianos, el verdadero pueblo de Dios, debía enfrentar una nueva modalidad satánica. Las circunstancias los habían puesto en una disyuntiva: o se acomodaban al sincretismo pagano-cristiano de la Iglesia Imperial o reaccionaban, protestaban y permanecían fieles a los postulados asentados por Jesucristo y sus apóstoles. Esta última posición adoptada por miles de creyentes hizo reaccionar al clero obcecado de ese tiempo. Nuevamente la historia se repetía. La Iglesia reconocida por el Estado y el Estado manipulado por la Iglesia se convirtieron en instrumentos en las manos de Satanás para desatar una campaña cruel, tenaz, criminal, contra aquellos a los cuales denominaron HEREJES. Esta era precisamente la palabra clave: HEREJE.

Ealph Wooldrof en su libro "Babilonia, misterio religioso antiguo y moderno" comenta: "Era tan notable la corrupción de la Iglesia apóstata en la Edad Media que podemos fácilmente comprender por qué en muchos lugares de la tierra los hombres se levantaron en protesta. Muchos fueron los que rechazaron las doctrinas falsas de la Iglesia apóstata y el Papa, fijándose nada más que el en Señor Jesucristo y en su palabra para su salvación".

A ellos se les calificó de "herejes", y fueron perseguidos ferozmente por la iglesia Católico Romana". "Hereje" se convirtió en la palabra "estigama, en la palabra "tortura", en la palabra "terror", en la palabra "muerte". Bajo esa bandera, cayeron hombres y mujeres, ancianos y niños... pueblos enteros. Los métodos de matanza y tortura dejaron pequeños a los empleados por los emperadores romanos. Pero lo peor del caso es que mientras los emperadores romanos lo hacían bajo la égida de la defensa de su paganismo profeso, los nuevos perseguidores lo hacían, cínicamente, invocando al nombre de Jesucristo. Satanás llegó a tomar tal control da esas mentes y corazones que los verdaderos herejes eran proclamados santos y los verdaderos santos fueron perseguidos y muertos como "herejes".

Aquí caemos en la misma pregunta: ¿Cuál fue la actitud de aquellos “herejes”? Entre muchos, el señor Woodrof menciona el siguiente: "Francisco Gamba, un lombardo de ideas protestantes, fue aprehendido y condenado a muerte en el año 1554 en Milán. En el lugar de la ejecución, un monje le presentó una cruz y Gamba dijo: 'Mi mente está tan clara pensando en los verdaderos méritos y bondades de Cristo, que no necesito un pedazo de madera sin méritos'. Por decir esto, le atravesaron la lengua y después lo quemaron".



La firmeza y la valentía, el amor hacia su Cristo y ansias de testificar de Él eran tan grandes, que a ellos no les preocupaba tanto el calificativo que les dieran, sino el de ser fiel a aquél que lo salvó. La lucha contra los “herejes” tuvo un saldo moral para los “santos perseguidores” .

Aunque, si bien la verdadera Iglesia perdió a muchos de sus representativos e ilustres hombres, sin embargo la historia se ha encargado de juzgar y poner de manifiesto la crueldad y la Infamia de aquella falsa Iglesia revestida de un falso celo por la causa de Cristo. Una vez más se demostraría hasta la saciedad que "las puertas del Infierno no iban a prevalecer contra la Iglesia". Hoy esta se yergue victoriosa, hacia un futuro luminoso y glorioso con su Dueño y Señor.

Aunque, en ocasiones, la palabra "hereje", aplicada alos verdaderos cristianos, sigue siendo utilizada de vez en cuando, muy especialmente en los países y pueblos bastante atrasados, para no permitir que la verdad del evangelio alumbre las mentes y los corazones de un pueblo sumido en las tinieblas del error, sin embargo esta palabra ya no surte al mayor efecto.

RESURRECCIÓN DE LA PALABRA SECTA.

Los tiempos han cambiado, pero Satanás es el mismo enemigo y no duerme. Él sigue inventando. En la actualidad, él ha resucitado nuevamente la palabra que tanto nos preocupa: SECTA.

¿Qué es una secta? ¿Qué es tener un espíritu sectario?. El Diccionario Larouse la define de la siguiente manera en su primera acepción: "Reunión de personas que siguen una misma doctrina". Y en su segunda acepción: "Doctrina religiosa que se aparta de la comunión principal". La palabra sectario, por otra parte, se define de la siguiente forma: “Intolerante, fanático de una secta o partido político”.

Desde el punto de vista estricto del significado de la palabra, cualquier grupo religioso, lo mismo que cualquier grupo que se aparta de ellos, se califica de secta llámese protestante, católico, mormón, macumba, islámico o espiritista. Desde que el hombre existe, su espíritu inquisitivo y religioso lo ha impelido, no solo a buscar el significado y el por qué de las cosas, sino también a compartir con otros sus propias reflexiones y experiencias espirituales con los demás. Ideas y experiencias comunes han asociado a los hombres dividiéndolos en grupos. Este tipo de asociación en la cual los hombres manifiestan y dan libre expresión a sus experiencias, ya sea de una forma sistematizada o no, es a lo que llamamos "secta".

El Diablo se ha aprovechado de la libertad de conciencia que Dios ha dado al hombre, para desviarlo de la verdad, utilizando la ignorancia en relación con Dios y Su voluntad. Por esa razón hoy, como en tiempos pasados, se ha producido tanto el surgimiento de nuevas sectas como la resurrección de sectas antiguas y olvidadas. Estas, con sus sistemas filosóficos de adoración falsa y paganismo, han alejado más y más al hombre de la verdad del Evangelio. En ocasiones oímos hechos insólitos, inmorales y criminales cometidos por algunas de estas "sectas", de tal forma que la prensa, la radio y la televisión se han hecho eco de hechos que provocan la indignación y reacción justa del pueblo hacia las mismas.

Queremos hacer notar que estas situaciones, que no son compartidas por ninguna Iglesia Evangélica ni por ninguna persona juiciosa, están siendo nuevamente manipuladas de una manera muy discreta por el mismo Satanás que utiliza, como siempre, las mismas agencias de antes: poder religioso representada por la Iglesia Oficial, y los círculos políticos y gubernamentales que con frecuencia se dejan presionar y prejuiciar por conveniencias personales y sectarias.

¿Cuál es, pues, el panorama que se trata de presentar? Que todo lo que no sea Catolicismo Romano es “secta". Aprovechándose de los hechos aberrantes y reprobados de algunas de esas "sectas" (que en la mayoría de los casos no se tienen ni por cristianos), algunos círculos de información evidentemente prejuiciados, presionados y manipulados la Iglesia Católica, echan en el mismo cesto tanto a éstas como a las Iglesias cristianas que no comparten el mismo punto de vista doctrinal del catolicismo por creerlos antibíblicos y errados. De esta forma muy sutil, tratan de identificar a los evangélicos con esos grupos seudo-religiosos, intentando descaracterizar su imagen y testimonio ante las gentes.

En la actualidad, la palabra "secta" está siendo manipulada de tal forma que se está convirtiendo en sinónima de crimen, inmoralidad y cosas perversas, de la misma manera que ocurrió con el término "cristiano" en la antigüedad, o "hereje", en la Edad Media. Con esto, se está logrando que, en algunos sectores de la población y en ciertos círculos políticos, se desarrolle un sentimiento de repulsión contra el Evangelio, que llegue a provocar, en su debido momento, un espíritu de persecución todavía no manifestado del todo, contra aquellos que profesamos nuestra fe evangélica.

Este espíritu, siempre anhelado, acariciado y aplicado en otros tiempos, quiere manifestarse en la actualidad nuevamente. En gran cantidad de hogares católicorromanos hay un cartelito impreso, colocado en las puertas de entrada que dice: "SOMOS CATOLICOS, no queremos la visita de Testigos de Jehová, ni de Mormones, ni DE NINGUNA OTRA SECTA". Yo he tenido la oportunidad de charlar con personas que profesan la fe católica, y ellos en su sinceridad me han manifestado de la campaña antievangélica que realizan entre ellos los sacerdotes romanos. Infunden miedo a sus feligreses mencionándoles la palabra tabú: "¡Cuidado con esa SECTA!". Con esa actitud no hacen más que poner de manifiesto el verdadero espíritu sectario e intolerante que siempre les ha caracterizado, producto de su impotencia y desmoralización dentro de la población.

”Yo soy católico, pero no creo en los curas", es la palabra dominante dentro de la gran mayoría de los mismos católicorromanos. Hoy, como antes, el clero dominante trata de presionar en los círculos legislativos, pretenden colocarlos a su servicio y conveniencia.

Pero ¿cuál ha de ser nuestra actitud hoy día? Para cada época, Dios da a su pueblo la sabiduría y poder espiritual, y la fe suficiente para darle el frente a todos los dardos de fuego del maligno, aunque este venga tapado con un manto de justicia. En este tiempo, Dios está fomentando un espíritu de unidad dentro de su pueblo el cual está cooperando para que sus enemigos tradicionales se den cuenta, que no somos un grupito indefenso, aislado, analfabeto e ignorante, sino que somos un pueblo con suficiente capacidad espiritual, moral, con un testimonio bien alto que hace que se estrellen contra éste todos los dardos de fuego del enemigo. Somos una Iglesia que se está dejando sentir como luz y sal que es; por lo tanto, la preocupación máxima del pueblo de Dios ante esta modalidad renovada de Satanás es tratar de que la luz no se apague ni la sal se desvanezca porgue, si esto sucede, enctonces sí seremos presa fácil de Satanás.

Pero, si dentro de los planes soberanos y permisivos de Dios, la Iglesia verdadera en estos tiempos en que vivimos tuviera que enfrentarse a las mismas circunstancias que la Iglesia primitiva y la de la Edad Media, me atrevo asegurar, sin temor a equivocarme, que el Enemigo encontrará nuevamente un pueblo dispuesto a dar su vida por Aquél que la dio primero por ellos, pero que jamás declinará ante las exigencias de una Iglesia totalmente paganizada que ha perdido a Jesucristo, al Verdadero, al Vivo y Resucitado dentro de una pléyade de dioses y diosas falsos; una falsa iglesia que se ha perdido, con su gente, dentro del intrincado laberinto de un sistema de adoración que tiene que ver con todo menos con Dios.

Amados hermanos: recordemos bien que la venida de Jesucristo está a las puertas. Estemos abocados a la misma entrada de los tiempos del fin. La Biblia es clara en cuanto a la labor de Satanás, pero es precisa en cuanto a nuestra actitud y trabajo a realizar. No temamos, en tanto que nos preparamos tanto en lo espiritual como en el conocimiento de la Palabra, que nuestra mayor preocupación sean las almas perdidas. Que nuestra mayor ocupación sea llevar el mensaje de la salvación a los que se oponen como a los que nos aceptan, y en esta forma esperar "la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo" quien demostrará una vez más como en el pasado que "las puertas del infierno no han de prevalecer contra Él ni contra su Iglesia". Amén.


Llanes, Luis E. Ministerio Luz y Verdad, Puerto Madryn, Chubut, Rep. Argentina. Editado por Alba Llanes (EDICI: Rancho Cucamonga, CA, USA).

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